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¡Más seguridad para ti, aceptamos Bitcoin!

Las criptomonedas, como el Bitcoin, han generado mucha controversia. Lo que muchos no saben es lo que hay detrás de, lo que algunos llaman, la revolución 4.0.

Lo primero que debemos aprender es el concepto de blockchain o la cadena de bloques. Hay muchas webs que podrán darte más detalle, aunque si continuas leyendo acabarás sabiendo más que muchos.

Para entender blockchain debemos echar un vistazo a la manera como gestionamos los datos, la información.

Hasta la fecha, los datos deben alojarse en servidores para que estos sean accesibles por toda la red. Pero ¿dónde están realmente estos datos? La respuesta es en los ordenadores privados de las grandes compañías. Facebook, Microsoft, Google almacenan Petadatos nuestros. Los bancos tienen en su poder, en sus ordenadores, todos nuestros activos. Simplemente, tenemos un grado de dependencia tan grande a su tecnología que vendemos nuestra alma, datos e intimidad.

Y el cambio ya está aquí gracias a la propia esencia de internet: distribución, descentralización y colaboración.

Gracias a esta nueva forma de ‘distribuir’ la información se ha creado el sistema más seguro, fiable, inhackeable conocido hasta la fecha. Aunque tecnológicamente complejo, la resupuesta es simple. Blockchain distribuye un archivo en miles miles de ordenadores, de manera que cada copia está relacionada con la anterior.

Blockchain, la revolución en gestión de data

Traducido: si un hacker o un cibercriminal entra un el servidor único de un banco lo tiene todo a su disposición y puede hacer lo que quiera. Con blockchain, esa información ya no está en un ordenador, sino en cientos o miles con una copia encriptada y vinculada de cada archivo.

La guerra entra hackers toca a su fin, por lo menos en este sentido.

Y en el caso de los pagos, tenemos otro buen ejemplo. Al pagar con tarjeta de crédito estamos siendo fiscalizados. Damos todos los datos /y gratis/ acerca de nuestros hábitos de consumo. Y ¿si existiera una manera, más fiable, segura y anónima que los bancos? La solución existe y se llaman cibermonederos. Son nuestra billetera virtual, que mediante un enlace envíamos o retiramos el cripto dinero.

No solo es un sistema descentralizado, completamente anónimo y con un encriptado notarial sino que además ofrece más garantías, transparencia y seguridad que la gestión humana. Damos el poder a la máquina para devolvérselo al usuario. Con blockchain tus datos son solo tuyos, no de ninguna compañía. Y solo tu accedes o no a dar permisos para que otros los consulten.

Por todo ello, nosotros aceptamos BitCoin como criptomoneda. Tus pagos quedan únicamente entre nosotros. Ningún banco u otro middleman tendrá esa información.

Hachís: un poco de historia

¿Qué es el hachís?

El hachís, polen, grifa, polen, chocolate o como quiera llamársele es fundamentalmente la resina de la planta de cannabis prensada. No es más que eso ni tampoco menos.

El uso del hachís o hash lo debemos buscar unos 900 años antes de Cristo, en la India. No acabamos de tener datos muy claros sobre dicha paternidad pero lo que está claro que fue un invento del mundo oriental. Y no fue hasta hace mil años que no se popularizó en la cultura árabe, cultura reina de lo que hoy conocemos como hachís. Su uso, siempre ha sido vinculado con prácticas médicas y espirituales.

hashis, origen del hachis

Y fue, quizá gracias a Napaleón, que el hashís llegó de forma masiva a Europa. Las tropas francesas, exhaustas por los áridos suelos egipcios, consumían hashis a fin de soliviantar sus males por eso del siglo XVII. Y solo necesitamos 150 años para que esta preparado del cannabis gozará de un reconocimiento especial en la Exposición Universal de Filadelfia en 1876. Y hasta el 1930, año fatal para la marihuana, la forma de preparado del hashis estaba recogido por la farmacopea de Europa Occidental.

Una historia de más de tres mil años

Y en los años 60 del siglo pasado, tanto la marihuana como el hachís recuperaron el protagonismo para ciertas nuevas culturas de cambio, de reconocimiento y trabajo en el campo del consumo recreativo.

El hashís es el resultado del prensado de los tricomas de la planta.

Photo by Vince Gx on Unsplash

Cuando la planta hembra de cannabis crece –ya sea cáñamo o marihuana- en su fase final, recubre sus flores del preciado néctar: el polen. Y es en estas pequeñísimas cápsulas donde se almacenan los principales componentes, ya sea THC, CBD, CBG o la combinación de ambos. Es importante que quede claro que el hachis es una forma de preparación, y puede o no puede llevar THC y ser, por tanto, ilegal.

¿Cómo se hace hachís?

Para fabricar hachis, lo primero que necesitamos es una gran cantidad de flores. El ratio suele ser de 1 a 100. Es decir, que por cada kilo de hashis vamos a necesitar 100 kilos de cogollos. En cualquier caso, de lo que se trata es de captar esos tricomas y amasarlos de nuevo. Para extraerlos, hay varias técnicas. Las más tradicionales se basan en varear / golpear las plantas para que estas vayan liberando el polen en un tamiz. De los primeros resultados, se los suele llamar Doble Cero, siendo la primera calidad posible. La siguientes recolecciones son de tricomas más pegados y de menos pureza. Estas técnicas tradicionales suele ser las empleadas por las gentes del Rif marroquí.

Otros métodos, también muy efectivos son las separaciones con hielo y agua, con hielo seco e incluso electricidad estática, que permite un mayor rendimiento.

La re-volución en el hash: rosin y prensas

Hasta hace bien poco, todo el hachís que podíamos encontrar en el mercado era con THC y probablemente de Marruecos. No obstante, y gracias al desarrollo de la industria del cáñamo en Europa, podemos encontrar nuevas variedades de hachís ricas en CBD y con un nulo contenido de THC. Como por ejemplo, el hachís producido por Solid Hemp Collectible, empresa con origen en la República Checa.

Y no tan solo eso, sino que los nuevos avances tecnológicos han permitido desarrollar nuevas técnicas de producción de resinas por presión mecánica o intercambios químicos.

¿Y cómo se puede consumir el hash?

El hash, por si solo, no puede consumirse tal cual. Por lo general, se consume fumado o vaporizado, aunque la forma más auténtica de consumir hachís, sería al estilo bhang, es un preparado de cannabis para beber.

Si lo queremos fumar, lo normal en Europa es mezclarlo con un tabaco o bien con otra hierba, ya sea tabaco de pastor o cáñamo. Para distribuir bien el hash a todo el tabaco, hay varias maneras. La primera es agarrar un trocito de hash, ponerlo sobre el tabaco y, con un poco de calor, amasarlo todo bien. Otra opción es, hacer como un churrito con los dedos y ponerlo, o bien directamente sobre el tabaco ya en el papel o trocear el churrito y mezclarlo con el tabaco o hierba.

Resina proveniente de las flores
Extracción prensada

Por suerte y para aquellos que nunca han fumado y no quieren empezar ahora, también puede consumirse hashis de forma inhalada, la más rápida y eficaz vía de administración. Una de las vías sería mediante el dabbing. Los dabs son pipas especiales para materiales resinosos, donde quemando el hash aspiramos el humo sin quemarnos.

Alternativamente y mucho más limpio y moderno, son los vaporizadores. La mecánica es la misma que la de los cigarrillos electrónicos. Mediante el calor de un horno o una resistencia (dependiendo del modelo) se facilita la tarea de aspirar los humos ricos que desprende nuestra resina. En CBD Wox hemos creado kits de hashis para todos los gustos. Con vaporizador o con papel y filtros. Seguro que encuentras